“El público colombiano no tiene manera de saber a quién creer. Después de cuatro años de negociaciones en Cuba entre el gobierno de Santos y las FARC, el “avance” del que se jactó su presidente en Nueva York aún no es público. Por supuesto, incluso si los colombianos fueran a verlo, nada podrían decir al respecto: Santos retiró recientemente su promesa de someter la totalidad del acuerdo final a un referéndum nacional”, asegura O’grady.
Sobre la actitud de Santos en su visita más reciente a Estados Unidos, dice que ahora hay más cosas en juego porque prácticamente se comprometió a presentar un acuerdo final completo en los próximos 6 meses.
“El presidente de Colombia debe haber estudiado el arte de la negociación con el equipo que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, envió a tratar con Irán”, agrega O’grady.
Acerca de las Farc, su columna en WSJ dice que este grupo guerrillero tiene todo el poder que necesitan sobre el mandatario colombiano. Y, dice, el Gobierno actual apuesta su legado hacia un acuerdo, pero lo hace “hambriento del reconocimiento internacional que le acarrearía la firma de un tratado de paz”.
También les anuncia a los colombianos que, en pocas palabras, serán los que pagarán –con dinero de las contribuciones– la compensación que se dará a las víctimas. Las Farc, dice WSJ, han sentado su posición, no negociable, de cómo se pagarán las reparaciones a las víctimas.
“Esto suena como una conveniente vía de escape para una organización que, según estimó el año pasado la revista Forbes, obtiene un ingreso anual de US$600 millones del narcotráfico” agrega la columnista.
Así mismo, aplaude a legitimidad del acuerdo sobre justicia anunciado hace pocas semanas en La Habana, pero pone en duda la claridad del mismo: “¿la versión de Santos o la versión de las FARC? Más aún, ¿por qué las opiniones de unos extranjeros tienen más peso que las de los colombianos?”, cuestiona.
“El gobierno de Santos ha dicho que el acuerdo sobre justicia todavía contiene cierta “ambigüedad” y requiere más negociaciones. Las FARC dicen no: el asunto “está cerrado”; no hay nada más que discutir”, afirma.
El artículo también critica el afán por tercerizar la decisión política al Tío Sam y el Vaticano. “Es especialmente extraño viniendo de la izquierda, que pasó la mayor parte del siglo XX criticando el imperialismo norteamericano y la interferencia extranjera en los asuntos internos de los países de la región”, asegura O’grady.
Finalmente, la columna hace un llamado a Santos a guardar su “virulencia para los líderes de las Farc” y afirma que el Jefe de Estado encontrará, con el tiempo, la mejor forma de arreglar “sus diferencias con los gánsteres”.
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