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sábado, 17 de marzo de 2018

Centro Democrático: No hay tiempo que perder

Por Eduardo Mackenzie  (Periódico Debate, Col)
@eduardomackenz1

De hoy al 27 de mayo no quedan sino 72 días. No es mucho tiempo para dotarse de un plan coherente para ganar la elección presidencial. Pues ganar esa elección no será fácil. No será una repetición de la votación del 11 de marzo. No será cuestión de buscar uno o dos aliados más. Será un combate de todos los días. Pues hay que ganar inmensas franjas de la opinión, las cuales están encuadradas por partidos. Unos de éstos están en el poder, otros no. Y uno de esos partidos, el de Vargas Lleras, el segundo en votos, aspira también a ganar la presidencia. No hay tiempo que perder.  

Algunos piensan que la elección presidencial será para impedir que la izquierda llegue al poder. Olvidan que la izquierda, la que representa Petro, las Farc y los otros, ya está en el poder. Santos es su jefe y esa izquierda no está dispuesta a perder esa posición el 27 de mayo. Esa izquierda está dispuesta a aplicar a rajatabla los pactos Farc-Santos. Defenestrarlos para salvar a Colombia no será cosa fácil. Habrá que hacerlo, pero será un combate, una guerra total. Guerra total pues ellos, los que están atornillados en la Casa de Nariño, lo quieren así. Lo vimos el 11 de marzo.

No sabemos siquiera si Santos está negociando la continuidad de su política, sobre todo respecto de las Farc, con Vargas Lleras o con Petro. Petro es la cabeza visible del chavismo en Colombia, pero Vargas Lleras, quien fue el vicepresidente de Santos, fue quien sacó más ventaja de la jornada electoral. Ese enigma pulveriza la aritmética en la que algunos creen. Nada indica que la elección presidencial ya está ganada, ni que Duque “barrerá en la primera vuelta”. Ese análisis es inepto. La candidatura de Petro plantea problemas específicos, pues no es un candidato como los demás. Tiene un apoyo internacional. Hay países que cuentan con él para preservar sus intereses. Y obrarán en consecuencia.

Colombia no es un cantón suizo, donde las elecciones son impecables. Lamentablemente, las peores ilegalidades son posibles en nuestro país: compra de votos, escamoteo de urnas, fraude en el escrutinio, desinformación de electores durante la campaña, golpes bajos de hackers intoxicadores, campañas de calumnias, ciberataques contra los partidos, dineros calientes, atronadoras campañas audiovisuales, violencia armada, bloqueos de vías, etc. No creamos que nada de eso veremos en estos 72 días.

¿Qué fue lo que descubrimos el 11 de marzo? Que el proceso electoral colombiano es frágil y manipulable. Que los tarjetones crean confusiones y que los jurados, no integrados por ciudadanos de todos los sectores --pues vienen de ciertos círculos politizados--, se prestaron a realizar una operación ilegal: escamotear los tarjetones de la consulta de la derecha y adulterar decenas miles de esos mismos tarjetones. No fue un error, fue un saboteo planificado a escala nacional. Más de cinco millones de votos (5.846.207) fueron declarados nulos o no marcados o en blanco, a todos los partidos. No se sabe cuántos votos fueron anulados o declarados como no marcados o en blanco al Centro Democrático. A las dos consultas partidarias, 332.250 votos fueron anulados o declarados no marcados. Esa tasa de anulación de votos es anormal, muestra que el sistema de tarjetón es confuso. Finalmente, la Registraduría hizo la lista de quienes tomaban el tarjetón de la consulta de la derecha y de la izquierda. Eso es escandaloso.

La pretendida escasez de tarjetones fue el elemento distractor para realizar otra operación no menos abyecta: el robo de curules para el Senado. ¿La disparidad entre los votos por Duque y la votación del CD para el Congreso no exige una explicación? Para completar, vimos cómo se hace la compra de votos. En una casa de Barranquilla, la Fiscalía decomisó armas, 260 millones de pesos en efectivo, información electoral, mercados, plantillas sin utilizar y computadores. ¿En cuántas otras ciudades ocurre lo mismo? ¿Cuándo las descubrirán?

Personalidades claves en la lucha contra las Farc y la subversión marxista quedaron por fuera del nuevo Senado: el Coronel (r.) Alfonso Plazas, héroe del Palacio de Justicia, y la senadora Sofía Gaviria, dirigente de la asociación de víctimas de las Farc, no obtuvieron los votos suficientes, dijo la Registraduría. Muy extraño. Al mismo tiempo, diez bandidos de las Farc tendrán, gratuitamente, curules en el Senado y en la Cámara baja. No es todo. Después continuaron las arbitrariedades: la Registraduría entregó información errada al Centro Democrático. Una revista electrónica, Los irreverentes, dice que ese partido “está revisando, a través de expertos, los resultados de las elecciones, pues al parecer hay inconsistencias en las cifras reveladas por las autoridades electorales”.

En otras palabras: estamos ante las premisas del típico fraude electoral chavista. En éste, lo clave es contentar a la víctima arrojándole un hueso. El “éxito” de Duque calmó al CD mientras le metían un gol: frenaron la expansión de su bancada en el Senado. Por otra parte, los partidos que colaboran con Santos aparecieron en buena posición y la extrema izquierda mejoró sus posiciones. ¿Quién ganó realmente el 11 de marzo? 

Dos observadores ven más que los otros lo que pasó. Fernando Londoño, dirigente honorifico del CD, no cree la tesis de Duque de que hubo “imprevisión” en lo de los tarjetones. Dice que hubo fraude y pide que se investigue el asunto. Carlos Salas escribió: “Nos dieron el contentillo de la consulta, con ella no pierden nada, mientras acomodaban sus fichas de nuevo en el Congreso. Así ganamos la primera vuelta con Óscar Iván Zuluaga, lo que significaba ganar nada de nada.” La víspera yo había dicho lo mismo en mi artículo “¿Manipularon la consulta de la Coalición por Colombia?” (1).

El CD no parece decidido a utilizar las palancas de derecho para saber por qué obro así la Registraduría. ¿Piensa que ella será neutral el 27 de mayo? El CD incluso pide, como Petro, una mayor digitalización del proceso electoral, es decir que haya mayor uso de las máquinas de votar, sistema considerado como no fiable en muchos países. En cambio, Chávez y Maduro utilizan esas máquinas. Ellas explican sus éxitos “electorales”. 

Petro exhibe mucho dinero en su campaña, aunque dice que los bancos no le prestan. Es el mismo lenguaje que utilizó Marine Le Pen en Francia antes de que en Moscú le facilitaran varios millones de euros para su campaña presidencial de 2017. ¿De dónde viene la liquidez que le permite a Petro hacer manifestaciones portátiles con decenas de buses alquilados y pagar costosa e intensiva publicidad televisiva? Nada es peor que un ciego que no quiere ver.


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