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lunes, 21 de mayo de 2018

Una vergüenza llamada JEP

Por Abelardo De La Espriella

Desde un principio lo dije: la JEP será un tribunal de la venganza, que perseguirá a los enemigos históricos de la izquierda radical y exculpará las atrocidades de la guerrilla, cubriéndolas de un manto de impunidad asqueante. No exageraba tampoco cuando advertí, a través de mis columnas de opinión, que la JEP operaría como un cuerpo judicial politizado e ideologizado, que tendría entre sus propósitos reescribir la historia, para presentar a los terroristas, asesinos y miserables de las Farc, como una organización loable alzada en armas, supuestamente para defender los derechos del pueblo oprimido.

Nada bueno podía salir de la JEP, siendo cosecha de la propia guerrilla y de sus cercanos y oscuros asesores, a saber: Enrique Santiago, Álvaro Leyva, Juan Carlos Henao y Eduardo Montealegre. Es la primera vez en la historia contemporánea que quienes supuestamente van a ser procesados tienen la posibilidad de escoger el mecanismo por medio del cual habrán de ser juzgados. Así de claro: la JEP fue una imposición de la guerrilla al gobierno de Juan Manuel Santos, que, a la postre, no solo terminó complaciendo en ello a Timochenko y sus secuaces, sino que, adicionalmente, sometió a la institucionalidad y a la democracia a toda suerte de humillaciones y dislates, en procura de saciar la infinita vanidad de un grupo de bandidos que consideran que la sociedad colombiana les debe respeto, obediencia y sumisión.
Ante la decisión abiertamente ilegal e inconstitucional de la JEP de suspender la extradición del narcotraficante alias Jesús Santrich a los Estados Unidos, ha quedado probado más allá de toda duda razonable que la JEP es la corte de las Farc. Si aún sin reglamentación, sin haber empezado a funcionar, pasan cosas como esta, y la JEP se arroga competencias que no tiene, cuando adquiera dientes, literalmente sus magistrados se tomaran el país. Como van las cosas, las Farc van a conseguir en los estrados judiciales la victoria que les fue esquiva en el monte, sometiendo a sus enemigos y al Estado de Derecho con los fallos de la JEP.
Ya lo dije antes también: “Tomarse la justicia no es un invento de las Farc. Desde Mao, en la China Popular, pasando por la Cuba oprimida de los sátrapas Castro Ruz, y la Venezuela arruinada de los tiranos Chávez y Maduro, la izquierda radical ha implementado el método inveterado de cooptar y adueñarse de los órganos jurisdiccionales, para aniquilar moralmente a sus oponentes: si las balas o las bombas no pudieron en su momento silenciar las voces disidentes, de seguro una injusta sentencia de encarcelamiento logrará ese cometido”.
La mayoría de los magistrados de la JEP son afines ideológicamente a las Farc, y están ahí para complacer a esos malhechores y no para hacer justicia verdadera. La labor de un juez es fundamental para una sociedad, y para ejercer ese apostolado se requieren especialísimas calidades humanas y profesionales escasas por los lados de la JEP; pero, por sobre todas las cosas, lo que hace al final del día que la justicia opere es la independencia de los jueces, atributo imposible de predicar en aquellos funcionarios de la JEP, que llegaron ahí con el “visto bueno de las Farc”. Que a nadie le quepa la menor duda: la JEP está al servicio de las Farc.
La JEP es un esperpento jurídico que nace del desconocimiento de la voluntad popular que dijo NO a los acuerdos de la Habana, un bodrio avalado por un Congreso comprado y una judicatura entregada al régimen, que debe ser excluido del ordenamiento legal colombiano. Sin eufemismos: hay que acabar con la JEP cuanto antes. Dicho cometido deberá ser una prioridad nacional en los próximos meses.
La ñapa I: El Departamento de Justicia de los Estados Unidos debería acusar por obstrucción a la justicia a los magistrados de la JEP que ordenaron la suspensión de la extradición de Santrich. Mientras eso ocurre, que les vayan quitando las visas por corruptos.
La ñapa II: Hidroituango es más que un elefante blanco: es un monstruo de mil cabezas. Lo que se viene haciendo para obviar la búsqueda de responsables es una infamia arropada de falsa solidaridad. El nombre de los culpables de la debacle debe conocerse ya, porque en esa madeja hay mezclada corrupción. En buena hora el Fiscal General persigue la pista de los sobornos que hay tras bambalinas. ¿Será que el paquetazo y vendedor de humo de Sergio Fajardo tiene algo que decir al respecto?

martes, 8 de mayo de 2018

Duque vs. Petro

Por Carlos Holmes Trujillo G.
Es verdad que la política se volvió impredecible a raíz del debilitamiento de los partidos, el crecimiento de los independientes y el impacto instantáneo de múltiples sistemas de comunicación e información. No obstante, en la actual campaña presidencial las tendencias parecen tener un claro nivel de consolidación. Esa es la conclusión que permiten sacar todas las encuestas realizadas después del 11 de marzo.
El orden ha sido el mismo: Duque, Petro, Fajardo, Vargas, de La Calle. Los porcentajes varían, pero, en general, puede decirse que se mantienen las diferencias dentro de ciertos rangos. Todo indica, entonces, que la decisión la tomarán los colombianos entre Iván Duque y Gustavo Petro. El veredicto popular, pues, tendrá que ver con dos visiones distintas sobre el modelo de desarrollo del país.

Duque, acompañado por Marta Lucía Ramírez, propende por el imperio de la ley, y el impulso al emprendimiento privado para alcanzar la equidad. Lo que buscan es una economía dinámica, que crezca a altas tasas, solidaria y cristiana a fin de tener buena política social, avanzar hacia la igualdad de oportunidades y generar empleo.

La batalla contra la corrupción, fundamentada en los principios de que sí se puede combatirla con éxito y cero tolerancia, apunta, entre otras medidas, a acabar con los beneficios para los corruptos.

Nada de casa por cárcel a los ladrones del patrimonio de todos, nada de rebaja de penas para que salgan a disfrutar de la riqueza adquirida de forma criminal, y medidas de extinción de dominio rápida a los bienes de los depredadores de los recursos de los ciudadanos.

Se trata de una propuesta dirigida a bajar impuestos, subir salarios y congelar temporalmente el predial. Es un programa con visión de futuro, apegado al objetivo del desarrollo sostenible, que busca producir conservando y conservar produciendo, para que haya más empleo formal y combatir la desigualdad.

La otra propuesta, la de Petro, es una especie de versión colombiana del chavismo, vale decir, de la acción gubernamental que ha conducido al hermano pueblo de Venezuela a la desaparición de la democracia, el debilitamiento económico, la escasez y el hambre.

Los líderes de distintos países en donde esa visión se transformó en política de Estado, se definieron en la primera etapa de su gestión como demócratas y humanistas que buscaban la igualdad. Al final, la historia los registra como dictadores y tiranos que conculcaron las libertades y acabaron con la iniciativa privada para mantener el poder de un Estado absolutista. 

Las líneas de ese pensamiento, traducido en política pública se ensayaron en 27 países en el siglo XX, y fracasaron en todos ellos. Eso de comprarle las tierras al doctor Ardila Lülle para repartirlas, y subir mucho el predial rural para que los propietarios de áreas improductivas –dice él– se vean obligados a venderle al Estado, hace recordar, inevitablemente, a Chávez.

Las alternativas son claras, como claro es que lo que le conviene a Colombia es construir un futuro mejor para todos mediante la legalidad, el emprendimiento y la equidad que propone Iván Duque. Los colombianos queremos vivir y trabajar tranquilos.

sábado, 17 de marzo de 2018

Centro Democrático: No hay tiempo que perder

Por Eduardo Mackenzie  (Periódico Debate, Col)
@eduardomackenz1

De hoy al 27 de mayo no quedan sino 72 días. No es mucho tiempo para dotarse de un plan coherente para ganar la elección presidencial. Pues ganar esa elección no será fácil. No será una repetición de la votación del 11 de marzo. No será cuestión de buscar uno o dos aliados más. Será un combate de todos los días. Pues hay que ganar inmensas franjas de la opinión, las cuales están encuadradas por partidos. Unos de éstos están en el poder, otros no. Y uno de esos partidos, el de Vargas Lleras, el segundo en votos, aspira también a ganar la presidencia. No hay tiempo que perder.  

Algunos piensan que la elección presidencial será para impedir que la izquierda llegue al poder. Olvidan que la izquierda, la que representa Petro, las Farc y los otros, ya está en el poder. Santos es su jefe y esa izquierda no está dispuesta a perder esa posición el 27 de mayo. Esa izquierda está dispuesta a aplicar a rajatabla los pactos Farc-Santos. Defenestrarlos para salvar a Colombia no será cosa fácil. Habrá que hacerlo, pero será un combate, una guerra total. Guerra total pues ellos, los que están atornillados en la Casa de Nariño, lo quieren así. Lo vimos el 11 de marzo.

No sabemos siquiera si Santos está negociando la continuidad de su política, sobre todo respecto de las Farc, con Vargas Lleras o con Petro. Petro es la cabeza visible del chavismo en Colombia, pero Vargas Lleras, quien fue el vicepresidente de Santos, fue quien sacó más ventaja de la jornada electoral. Ese enigma pulveriza la aritmética en la que algunos creen. Nada indica que la elección presidencial ya está ganada, ni que Duque “barrerá en la primera vuelta”. Ese análisis es inepto. La candidatura de Petro plantea problemas específicos, pues no es un candidato como los demás. Tiene un apoyo internacional. Hay países que cuentan con él para preservar sus intereses. Y obrarán en consecuencia.

Colombia no es un cantón suizo, donde las elecciones son impecables. Lamentablemente, las peores ilegalidades son posibles en nuestro país: compra de votos, escamoteo de urnas, fraude en el escrutinio, desinformación de electores durante la campaña, golpes bajos de hackers intoxicadores, campañas de calumnias, ciberataques contra los partidos, dineros calientes, atronadoras campañas audiovisuales, violencia armada, bloqueos de vías, etc. No creamos que nada de eso veremos en estos 72 días.

¿Qué fue lo que descubrimos el 11 de marzo? Que el proceso electoral colombiano es frágil y manipulable. Que los tarjetones crean confusiones y que los jurados, no integrados por ciudadanos de todos los sectores --pues vienen de ciertos círculos politizados--, se prestaron a realizar una operación ilegal: escamotear los tarjetones de la consulta de la derecha y adulterar decenas miles de esos mismos tarjetones. No fue un error, fue un saboteo planificado a escala nacional. Más de cinco millones de votos (5.846.207) fueron declarados nulos o no marcados o en blanco, a todos los partidos. No se sabe cuántos votos fueron anulados o declarados como no marcados o en blanco al Centro Democrático. A las dos consultas partidarias, 332.250 votos fueron anulados o declarados no marcados. Esa tasa de anulación de votos es anormal, muestra que el sistema de tarjetón es confuso. Finalmente, la Registraduría hizo la lista de quienes tomaban el tarjetón de la consulta de la derecha y de la izquierda. Eso es escandaloso.

La pretendida escasez de tarjetones fue el elemento distractor para realizar otra operación no menos abyecta: el robo de curules para el Senado. ¿La disparidad entre los votos por Duque y la votación del CD para el Congreso no exige una explicación? Para completar, vimos cómo se hace la compra de votos. En una casa de Barranquilla, la Fiscalía decomisó armas, 260 millones de pesos en efectivo, información electoral, mercados, plantillas sin utilizar y computadores. ¿En cuántas otras ciudades ocurre lo mismo? ¿Cuándo las descubrirán?

Personalidades claves en la lucha contra las Farc y la subversión marxista quedaron por fuera del nuevo Senado: el Coronel (r.) Alfonso Plazas, héroe del Palacio de Justicia, y la senadora Sofía Gaviria, dirigente de la asociación de víctimas de las Farc, no obtuvieron los votos suficientes, dijo la Registraduría. Muy extraño. Al mismo tiempo, diez bandidos de las Farc tendrán, gratuitamente, curules en el Senado y en la Cámara baja. No es todo. Después continuaron las arbitrariedades: la Registraduría entregó información errada al Centro Democrático. Una revista electrónica, Los irreverentes, dice que ese partido “está revisando, a través de expertos, los resultados de las elecciones, pues al parecer hay inconsistencias en las cifras reveladas por las autoridades electorales”.

En otras palabras: estamos ante las premisas del típico fraude electoral chavista. En éste, lo clave es contentar a la víctima arrojándole un hueso. El “éxito” de Duque calmó al CD mientras le metían un gol: frenaron la expansión de su bancada en el Senado. Por otra parte, los partidos que colaboran con Santos aparecieron en buena posición y la extrema izquierda mejoró sus posiciones. ¿Quién ganó realmente el 11 de marzo? 

Dos observadores ven más que los otros lo que pasó. Fernando Londoño, dirigente honorifico del CD, no cree la tesis de Duque de que hubo “imprevisión” en lo de los tarjetones. Dice que hubo fraude y pide que se investigue el asunto. Carlos Salas escribió: “Nos dieron el contentillo de la consulta, con ella no pierden nada, mientras acomodaban sus fichas de nuevo en el Congreso. Así ganamos la primera vuelta con Óscar Iván Zuluaga, lo que significaba ganar nada de nada.” La víspera yo había dicho lo mismo en mi artículo “¿Manipularon la consulta de la Coalición por Colombia?” (1).

El CD no parece decidido a utilizar las palancas de derecho para saber por qué obro así la Registraduría. ¿Piensa que ella será neutral el 27 de mayo? El CD incluso pide, como Petro, una mayor digitalización del proceso electoral, es decir que haya mayor uso de las máquinas de votar, sistema considerado como no fiable en muchos países. En cambio, Chávez y Maduro utilizan esas máquinas. Ellas explican sus éxitos “electorales”. 

Petro exhibe mucho dinero en su campaña, aunque dice que los bancos no le prestan. Es el mismo lenguaje que utilizó Marine Le Pen en Francia antes de que en Moscú le facilitaran varios millones de euros para su campaña presidencial de 2017. ¿De dónde viene la liquidez que le permite a Petro hacer manifestaciones portátiles con decenas de buses alquilados y pagar costosa e intensiva publicidad televisiva? Nada es peor que un ciego que no quiere ver.


martes, 13 de febrero de 2018

EL PETRO QUE EL PAÍS TIENE QUE CONOCER

Por Iván Cancino  (Tomado de Los Irreverentes, Colombia)

El paquete más grande que ha producido la política colombiana desde la época de la Conquista se llama Gustavo Petro. El sujeto en mención nació en 1960 en un remoto poblado del departamento de Córdoba llamado Ciénaga de Oro y su adolescencia transcurrió en el municipio de Zipaquirá, cerca de Bogotá.
Según sus propias palabras, el malestar de su madre con el probado fraude en las elecciones presidenciales del 19 de abril de 1970 lo fueron llevando a la extrema izquierda, que no es otra cosa que la mismísima guerrilla o el terrorismo.
Como integrante del violento M-19, Petro –autodenominado en las filas terroristas como “Aureliano Buendía”– fue del montón para abajo, esto es, un guerrillero de cafetería de esos que solo hablan cháchara y que posan de intelectuales, aunque en realidad nunca van al combate y les queda grande un arma en sus manos.
Tan es así, que cuando el 6 y 7 de noviembre de 1985 el M-19 asaltó a sangre y fuego el Palacio de Justicia, en Bogotá, Petro se encontraba detenido por porte ilegal de armas. ¡Cómo sería de buen “combatiente” que le quedó grande esconder a tiempo y en sitio seguro su arma de dotación!
Pero sigamos ; Cualquiera pensaría que Petro estudió en una universidad pública por razones de coherencia. Uno no ve a un cabecilla guerrillero de su estatura estudiando con los “niños ricos” del país. Atérrense: Petro estudió economía en la Universidad Externado de Colombia, un centro académico que, si bien no se distingue por elitista, es privado y no regala las matrículas.
Firmada la supuesta paz entre el M-19 y el gobierno nacional, Petro se metió de lleno en la política. Fue representante a la Cámara y cuando en 1994 fracasó en su aspiración al Senado terminó de diplomático-lagarto en Europa.
Por esos mismos días de mediados de 1994, Petro recibió en Bogotá a un hombre que con el tiempo se convertiría en su ídolo y referente: el fallecido dictador venezolano Hugo Chávez, quien tras fracasar en su  intento por dar un golpe de Estado en su país fue amnistiado por Rafael Caldera.
De Chávez, Petro aprendió que a Colombia hay que llevarla por el sendero del castro-chavismo, que ser rico es malo (siempre y cuando no sea él o sus familiares), que una vez obtenido el poder no se entrega y que a los enemigos hay que aplastarlos de ser necesario.
En 1998 Petro regresó al Congreso a hacer lo que mejor sabe hacer: a tildar de paramilitar y corrupto a todo aquel que no comulgara con sus ideas o que no dijera que lo mejor del mundo es la guerrilla. Es que a Petro es de los que les gusta hacer creer que si alguna vez mató fue para que otros vivieran y que si alguna vez robó fue para repartir el botín entre sus hermanos los pobres.
El paso de Petro por el Parlamento, en su segunda etapa, estuvo marcado por la búsqueda del desprestigio para sus enemigos políticos. Prácticamente no aportaba nada. Solo denuncias contra sus antagonistas. De nuevo lo mismo: todo el mundo es malo menos él o sus amigos (con el tiempo, sin embargo, también empezó a abandonar y a traicionar a aquellos con los que comió en el mismo plato).
Cuando a finales de 2006 se inició la investigación por la llamada parapolítica, Petro y sus asesores empezaron a hacer de las suyas con el manejo de testigos. Tanto a la Corte Suprema como a la Fiscalía llegaron varias personas enviadas por Petro que dijeron estar listas para declarar en contra de todo lo que oliera a derecha y sobre todo al entonces presidente Álvaro Uribe Vélez.
Para muestra un botón: un tal “Pitirri”, o el oscuro sujeto que, gracias a sus inventos y alucinaciones, terminó viviendo en Canadá –con toda su familia– de cuenta de nuestros impuestos.
En octubre de 2007, Petro apareció abrazando al ganador de las elecciones a la Alcaldía de Bogotá, Samuel Moreno, quien al frente de ese cargo tuvo una gestión cuestionada por actos de corrupción. Claro que apenas vio que el barco de Moreno se estaba hundiendo, Petro salió corriendo y a unirse al grupo de denunciantes.
El 1 de enero de 2012, Petro se posesionó como alcalde de Bogotá a nombre de un movimiento llamado Progresistas. Fueron cuatro años de infierno para la capital de la República. El pequeño hombre mostró de inmediato el resentido que lleva por dentro.
De entrada prohibió las corridas de toros en la ciudad con el argumento de que la plaza de Santamaría debía ser utilizada solo para eventos en pro de la vida y no de la muerte. Todo un chiste: el ex miembro de una organización terrorista que mató a centenares de personas en contra de la muerte en el ruedo de un astado.
En lo administrativo las cosas también fueron un desastre con Petro. Persiguió hasta el cansancio a los contratistas que él consideraba de derecha. De hecho, en algún momento dejó inundar de basuras a Bogotá porque uno de las empresas recolectoras era de propiedad de un amigo de Uribe.
Ese incidente con las basuras le costó a Petro la destitución de su cargo por parte de la Procuraduría General de la Nación. Pero, como ya lo hemos contado en este mismo espacio, Petro arrasó con la institucionalidad y desconoció la sanción del Ministerio Público. Apeló a cuanta marrulla judicial estaba a su alcance y, finalmente, la mamerta y entrometida Comisión Interamericana de Derechos Humanos le ordenó al gobierno del flojo de Juan Manuel Santos que tenía que restituir a Petro en el inmerecido cargo.
Entonces Santos, cual muchacho chiquito, salió a obedecer con un único fin: que Petro le diera una mano en la segunda vuelta a la Presidencia de 2014. Y así se hizo: todo el poder y el dinero del Distrito Capital fueron puestos a disposición de la campaña santista para poder consumar el fraude en perjuicio del candidato Óscar Iván Zuluaga.
El tema de “manos limpias” no fue el fuerte de Petro durante sus cuatro años como alcalde capitalino. Ríos de tinta corrieron denunciado los torcidos que en favor del empresario Carlos Gutiérrez Robayo –concuñado de Petro– se hicieron desde la Alcaldía de Bogotá.
Pero, claro, para esa época al frente de la Fiscalía General estaba el controvertido Eduardo Montealegre, un personaje nefasto para la administración de justicia que nunca ha escondido sus afectos por la extrema izquierda colombiana.
Ahora nos sorprenden con que Petro encabeza las encuestas de cara a las elecciones presidenciales de mayo próximo. Es el carretazo más bravo que hemos escuchado en los últimos años. Si bien todo parece indicar que Santos apoyará a Petro en los comicios a la Presidencia, aquí solo hay una verdad irrefutable: Colombia no es mamerta muy a pesar de los Santos, de los Petros, de los Cepedas y hasta de los Timochenkos.
P.D. Alguna vez uno de sus mejores amigos de Petro, Daniel García-Peña, le escribió (al conocer que a su esposa la habían sacado por la puerta de atrás de la Alcaldía de Bogotá) que “un déspota de izquierda, por ser de izquierda, no deja de ser déspota”.

viernes, 3 de noviembre de 2017

El Traidor

Por: Fernando Balda

De todos los famosos traidores de la historia he buscado alguno con el cual comparar al Presidente colombiano Juan Manuel Santos; revisé la historia de varios de ellos, como el General Benedict Arnold cuyo nombre es sinónimo de traición en EEUU; durante la independencia vendió a los ingleses la rendición de West Point en 20.000 libras. Antonio López de Santa Anna y Pérez de Lebrón político y militar mexicano. Quien fue Presidente de México en once ocasiones. Enfrentó la guerra contra EEUU fue derrotado en la Batalla de Cerro Gordo. Tras evacuar la capital del país, se exilió en Colombia y mediante el Tratado de Guadalupe Hidalgo propiciado por él, México perdió los estados de Alta California y Nuevo México (hoy California, Arizona, Nevada, Colorado, Utah y parte de Wyoming) a favor de los Estados Unidos. También está el caso del asesino de Jesse James, Robert Ford quien siendo su amigo, admirador y discípulo lo mató por la espalda para cobrar la recompensa. En otros anales la ambición, la envidia y la venganza motivaron la traición contra el dictador romano Julio César quien había adoptado un niño de clase baja llamado Brutus, lo educó y trató como su hijo y lo vinculó a la nobleza romana. Los miembros del Senado celosos del poder que tenía César lo traicionaron al final de una sesión, mientras todos rodeaban a Julio Cesar los miembros del Senado en gavilla sacaron dagas y lo apuñalaron, César se defendió hasta que reconoció uno de los rostros de sus asesinos y exclamó la frase más famosa en la historia dirigida a un traidor ”¿tu también brutus?” y falleció. Brutus quien pretendió con esta participación ascender políticamente vivió atormentado por visiones del fantasma de César hasta que decidió quitarse la vida con su propia espada. Pero ninguna de estas figuras solas me dan el compendio que se necesita para describir a Santos; casi que digo que no le alcanzan en méritos ni todas juntas. Revisemos un poco la historia y sin duda me darán la razón:
Juan Manuel Santos, procede de una de las familias más adineradas y rimbombantes de Colombia, fue sub director de Diario el Tiempo, el más grande del país y propiedad de sus padres. Ha escalado sigilosamente en la política siempre de forma coyuntural mas no por notables gestiones. Ministro de Comercio Exterior, Hacienda y de Defensa durante varios gobiernos; En 1997 durante el Gobierno del Presidente Samper fue el mentalizador de una zona de despeje a favor de la guerrilla para supuestamente propiciar diálogos de paz, además propuso una Asamblea Constituyente donde se debatirán intereses de las FARC; en aquella época tan dura para Colombia tal vez esta fue solo una más de las tantas ideas descabelladas que se lanzaban sobre el conflicto; sin embargo esta se materializó durante el siguiente gobierno del Presidente Andrés Pastrana donde Santos ocupó el cargo de Ministro de Hacienda; y es considerado como uno de los episodios mas deshonrosos en la historia de Colombia, se despejó de la fuerza pública a tres municipios del Meta, y uno del Caquetá en la región del río Caguán, desde el 7 de noviembre de 1998. Esta fue la famosa Zona de distensión de 42.000 kilómetros cuadrados donde las FARC tuvieron impunidad y libre albedrío durante casi cuatro años de secuestros, asesinatos robos y narcotráfico -era una guarida criminal legalizada donde la policía y el ejército tenían prohibida la entrada- hasta el 20 de febrero de 2002, en que el mismo Pastrana declaró fracasado el proceso que quedó escrito en la historia como una farsa antipatriótica de intereses evidentemente oscuros y no de paz.
En 2002 Alvaro Uribe era nombrado presidente, Santos rompe filas del Partido Liberal y es integrado al gobierno como Ministro de Defensa; bajo el mando de Uribe se abatió al temible bandido alias “raúl reyes” el 1 de Marzo de 2008, una fiesta se produjo en Colombia, en todos los rincones de la patria se celebraba como una hazaña histórica, además a esta fecha el ejército había reducido las filas de las FARC de 18000 a 8000 bandidos. el momento coyuntural para Santos había llegado, pues su gestor Uribe, no podría volver a ser Presidente por norma constitucional después de haber cumplido dos periodos consecutivos de elección popular. Pero el 75% de aprobación ciudadana a ese momento sobre la gestión de Uribe fue suficiente para endosarle los votos a Santos con tan solo levantarle el brazo. Santos Juró defender y continuar la obra de Uribe -La Seguridad Democrática-, sin tregua al terrorismo; esta, como principal fuente de recursos para el país. Pero en algún momento no definido y triste para la historia de Colombia, tal vez producto de una fragua que siempre existió silenciosa esperando a poder asomar de atrás de la careta falaz de demócrata, o emerger de entre la oscuridad de las mentes parias que suelen rodear al poder; de sus cercanos colaboradores, viciados de intereses forjados en relaciones deshonrosas presentes y de antaño; Santos creyó que una propuesta de paz se podía impulsar por encima de los intereses ciudadanos, pisoteando las tumbas de héroes y victimas, negociando lo innegociable; la posibilidad de amnistías e indultos para quienes cometieron crímenes de lesa humanidad, permitirles aspirar al Senado, Cámara de Representantes y otros cargos de elección popular, y la legalización de las tierras que estos han invadido y robado durante cincuenta años, entre otros puntos. Y luego de todas estas cartas jugadas en una mesa de poker, tomando tinto bajo el sol de la Habana intentando violar los principios democráticos y constitucionales, Santos pretende salir airoso como hasta para aspirar al premio nobel de la paz.! Y es que la vanidad es un pecado muy interesante y poderoso que siempre le hace antesala a la traición. -léase traición a la patria-. Como era lógico Alvaro Uribe, quien tiene claro como se combate a los criminales y como se saca adelante un país, ha liderado la oposición contra este inminente fracasado “procesos de paz” que solo ha logrado convertir en figuras internacionales y mediáticas a un grupo de criminales que hasta ayer debían andar escondidos en la selva embarrados del lodo de su criminal “revolución”.
Santos llegó al poder de la mano de un grande, sin reparo y sin pensar en lo importante que es el honor en aquellos que reciben el llamado de regir los destinos de un país, mordió esa misma mano, traicionó los principios que juró defender y hoy se encuentra sentado del otro lado de la linea de fuego repitiendo un grave error del que él mismo ya fue parte ideológica en 1998 durante el despeje del Caguán. Lamentablemente, esta paz, la paz al estilo Santos no encaja con los principios morales y éticos, menos con los rectores del ordenamiento jurídico. La paz de Santos es un concierto para delinquir en donde se proponen movimientos de la nueva bolsa de valores; la del lavado de activos provenientes del secuestro y el narcotráfico. Los ciudadanos colombianos no tiene un pelo de tontos, no pretenda el traidor vende patria pasarles gato por liebre. Ya se ha visto en la historia colombiana a demasiados tahúres y pillos de siete suelas, ya es fácil reconocerlos cuando andan de jornada.
Para que no se crea que podría yo, estar especulando sobre la reprochable calidad humana del Presidente Colombiano, puedo dar fé en primera persona con el siguiente ingrato relato; y es que yo mismo he sido gravemente afectado por su traición y falta de principios; en 2010 defendí a Juan Manuel Santos en la Corte de Sucumbíos – Ecuador, una orden de prisión pesaba sobre él y varios oficiales que acertaron armamento bélico contra un campamento terrorista ubicado en Angostura, donde cayó abatido alias “raúl reyes”, las acciones jurídicas de mi equipo lograron revocar la orden de prisión contra Santos impuesta por la Corte ecuatoriana e impulsada por el Presidente Rafael Correa, que concluyó gracias a nuestra defensa con el archivo del caso. Esta acción la asumimos como un acto de defensa al legado del ex Presidente Alvaro Uribe suponiendo un gesto propicio para con quienes habían colaborado con él en su lucha contra el terrorismo. Contrariamente al sentimiento de los miembros del ejercito de colombia y al de la mayoría de los ciudadanos, Santos decidió colaborar con el gobierno de Ecuador, el 10 de Octubre de 2012, me detuvo como a un delincuente en Bogotá donde me encontraba exiliado, me subieron a un avión militar y me entregó a la dictadura ecuatoriana que me mantiene encarcelado hasta la fecha. Mi familia, esposa y cuatro hijos quedaron abandonados en Bogotá, sin protección, pasaron días de terror pues pocos días antes yo había sufrido dos secuestros a manos de criminales enviados desde Ecuador para atentar contra mi vida, estos criminales eran agentes de inteligencia de la policía de Ecuador que violaron la soberanía de Colombia para secuestrar a un exiliado demócrata, perseguido por una dictadura. Santos quien sabía todo sobre mis secuestros, a pesar de ello me deportó violando mis Derechos Humanos y los de mi familia, entregándole a un país donde mi vida corre peligro y donde se me persigue por mis opiniones políticas. pues las pruebas de mi secuestro han sido recabadas por la fiscalía, incluso la identidad de los secuestradores y estas habían sido informadas a Santos plenamente quien ha encubierto estos crímenes para no afectar al gobierno de Ecuador. Pero los Colombianos no son tontos y con las pruebas que se revelan en los links que adjuntamos a este articulo tendrán claro el tipo de ser humano que lamentablemente tienen como presidente.
Con estos antecedentes sobre Santos, llegué a una conclusión; después de echar una mirada a al cobardía de Robert Ford; a lo vende patrias de Benedict Arnold y Antonio López de Santa Anna; y a la traición ambiciosa de Brutus contra César, advertí que todos juntos no hacen a un Juan Manuel Santos. Y encontré en la historia por allá en el año 33 DC, a la figura perfecta, a aquella que reune todos los rasgos de la traición configurados en Juan Manuel Santos, y que refiere a la más grande traición conocida por el hombre; el deleznable Judas Iscariote; aquel, traicionó a su pastor Jesucristo y con ello a los principios de paz, amor, equidad y justicia que Judas había jurado defender con su vida, causando el mayor crimen cometido por la humanidad pero que a su vez reveló algo supremamente importante: donde está el bien y donde está el mal. Y Como funcionan los traidores.
Fernando Balda logra revocar orden de prisión contra Juan Manuel Santos:
Agentes de inteligencia de Ecuador secuestran a opositor de Rafael Correa en Bogotá y gobierno de Santos no dice nada ni por secuestro ni por violación a la soberanía de Colombia:
Fotos de los secuestradores, pruebas del espionaje internacional y la violación a la soberanía de Colombia:
Pruebas de la autoría material de los secuestradores:
Fernando Balda
@fernandobalda

jueves, 2 de noviembre de 2017

Lo de Timochenko es una anti-candidatura

Por: Eduardo Mackenzie


De cara a las elecciones presidenciales de mayo próximo, las Farc –en sus dos variantes, la armada y la política-- tienen tres problemas: 1. – han proclamado un candidato pero éste, Timochenko, genera tal aversión en la opinión pública, por su trayectoria criminal impune (está condenado a 452 años de cárcel, como reveló la senadora Thania Vega, sin que haya pasado por la prisión un solo día), que no podrá ser un candidato sino un anti-candidato. Por el momento el tal “candidato” permanece en su escondrijo de Cuba; 2.- Las Farc no tienen un programa de gobierno: su monótono discurso pide un imposible: la “implementación” (la palabra correcta es implantación) del fatídico acuerdo Farc-Santos, el cual fue rechazado por los colombianos en el plebiscito del 2 de octubre de 2016, sin que haya signos de que éstos tragaron el cuento de que el narco-comunismo y el yugo liberticida y anti económico que éste propone es la opción más apetecible; 3.- los colombianos quieren elegir un nuevo jefe de Estado que barra con el desastre santista y reconstruya la soberanía, la democracia y el Estado de Derecho que las Farc, Santos y los cubanos tratan de desmantelar. 
Timochenko va en contravía de todo eso. Es un anti-candidato con agenda secreta.

El número uno de las Farc representa la organización armada comunista que quiso destruir a Colombia durante más de 50 años. Timochenko saluda las fechorías cometidas por todos los jefes que tuvo esa banda desde su creación secreta, mucho antes de 1964. Los crímenes de Tirofijo y de su estado mayor él los asume sin críticas. El aplaude la combinación de todas las “formas de lucha” (crímenes). Timochenko combatió y combate con todas sus fuerzas la democracia, utilizando la violencia y las libertades y garantías que ésta ofrece a todos. Él está convencido de que las montañas de atrocidades de las Farc no son atrocidades y que los reproches de la sociedad carecen de sentido. Por eso él y sus mandos no pedirán perdón al país ni a sus víctimas en particular. Como candidato Timochenko personifica a los autores materiales e intelectuales de esas barbaridades. La nación colombiana, que él tanto detesta, es su víctima. No tiene autoridad moral para pedirle el voto a la nación que él ha martirizado. El no será un candidato sino el anti candidato más grotesco de la historia del país. 

En agosto pasado las Farc decían que no postularían pues apoyarían el candidato “burgués” que les garantice la “implementación” total de los pactos con Santos. En ese momento presumían ser una minoría capaz, gracias a su capacidad de intimidación en el campo y a sus grupúsculos y aliados secretos, de decidir la votación presidencial en la segunda vuelta. 

Hoy lanzan una línea diferente: hacer campaña con su jefe supremo (Imelda Daza, activista del movimiento marxista Voces de Paz, será la candidata a la vicepresidencia) para ver, en la primera vuelta, y después de las elecciones legislativas, cuál es el caudal propio de las Farc –partido y escuadras armadas confundidas-- y de sus organismos satélites. En Cuba necesitan medir la fuerza real de su pupilo.

Ese cambio de táctica refleja un cierto pesimismo: ante la no aprobación de la JEP, y de otros puntos claves (para ellos) del pacto secreto, no les queda más recurso que jugarse el todo por el todo, preámbulo de una eventual ruptura. Quieren imponer, al precio que sea, un presidente de continuidad, aunque las apariencias de elección libre no logren engañar a Trump, a la OEA, ni a la Unión Europea.

¿Ese cambio de táctica es hábil? ¿Es un error? Tal movida puede ser lo uno o lo otro. Todo depende del comportamiento de los colombianos. Ante la opacidad en que se mueve la dirección de las Farc, es legítimo examinar las variantes y posibilidades más lógicas del nuevo escenario. 1.- Es probable que Timochenko haya obtenido garantías para adelantar una campaña con privilegios exorbitantes. Timochenko no sería un candidato más sino el candidato único de un frente continuista. Este podrá utilizar los inmensos recursos financieros ilegales de las Farc para inundar el país con mentiras y soflamas incendiarias. Es obvio que la advertencia de Néstor Humberto Martínez, fiscal general, de que “las narices del narcotráfico empiezan otra vez a asomarse en ciertas regiones del país para copar nuestro sistema político” alude al papel que van a jugar los narco-capitales de las Farc. 

El anuncio de la candidatura de Timochenko desató una ola de rechazo en las redes sociales y en la clase política, exceptuando los núcleos radicales y verdes. ¿Eso anuncia un endurecimiento de la opinión pública ante el mentiroso danzón “pacifista” de las Farc? ¿Seguirán las universidades y colegios siendo el laboratorio de los propagandistas de las Farc? ¿Seguirán los rectores autorizando que gente con sangre en las manos vaya a intoxicar a los jóvenes? Hay que parar esos abusos. Hace unos días, por fin, un centro universitario anuló una “conferencia” de ese tipo. Esperemos que tal actitud se generalice. 

2.- Sin la complicidad del santismo, la proclamación de la candidatura Timochenko no habría sido posible. La Constitución prohíbe que los criminales postulen para cargos de elección popular. Santos, sin embargo, la ignoró y dijo desde Canadá que todo “ex miembro de la guerrilla Farc” puede hacer política. Recusó la Constitución y adoptó lo que dicen los acuerdos aunque éstos no tienen rango de Constitución. Su ministro del Interior, Guillermo Rivera, ahondó el escándalo al decir que Timochenko, para ser candidato, sólo debe cumplir un requisito: prometer que se someterá algún día a la justicia (JEP) y que allí dirá “toda la verdad”. 

3.- Santos seguirá violando la Constitución y movilizará los recursos del Estado para favorecer esa movida. El impopular presidente no está en condiciones de negarle nada a las Farc. El proselitismo agresivo y demagógico de éstas, con montajes mediáticos y judiciales de todo tipo, destinados a confundir a la opinión pública --como hizo Santos en 2014 contra el candidato rival Oscar Iván Zuluaga--, y a desbaratar todo frente unitario de salvación nacional, contará con el apoyo del régimen. Las garantías a Timochenko incluirían, desde luego, un paquete de medidas para alterar la jornada electoral, el escrutinio de los votos y la proclamación de los resultados. La oposición no debe hacerse ilusiones. Debe prepararse para lo peor. 

Santos y Timochenko saben que juegan con fuego, que su artero juego tiene unos límites. La bronca popular contra el gobierno, y contra las Farc, es vasta y crece en todas partes. Lo constatan a diario los precandidatos y activistas del arco democrático. ¿Cuál será la chispa que acabará con la falsa calma chicha actual que busca expropiar a los colombianos de una elección libre?  

@eduardomakenze1

martes, 17 de octubre de 2017

Entrevista de Vicky Dávila al Ex-Presidente Andrés Pastrana

Los colombianos pueden sacar conclusiones con la exposición y respuestas que entrega el Ex-Presidente Andrés Pastrana a la periodista de la W radio ....PASE LA VOZ!!!